La Casita Misteriosa

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[vc_row][vc_column css=».vc_custom_1502529981371{margin-top: 0px !important;padding-top: 0px !important;padding-right: 35px !important;}» offset=»vc_col-lg-9 vc_col-md-12″][vc_column_text]casa misteriosaAquella preciosa casita, situada detrás de las siembras de maiz de mis abuelos, abría sus puertas cada mañana para dar la bienvenida a todos los soñadores que la quisieran visitar.

Una tarde, tres amiguitos que jugaban por los alrededores de los maizales, se sentaron al lado del río para compartir sus sueños…

Se llamaban Carlitos, Pedrito y Manuel.

– Yo quiero saltar en paracaídas. Dijo Carlitos.

– Yo quiero tener toneladas de caramelos para mi solo.Dijo Pedrito.

– Yo no quiero ir a la escuela y quiero ser ya un hombre.Dijo Manuel.

Los tres amiguitos observaron una hermosa ave blanca que voló frente a ellos.

El ave los miró y aceleró su vuelo .

Los niñitos la siguieron con gran curiosidad. Cuando se perdió de vista, pudieron apreciar una casa que lucía solitaria. La puerta principal estaba abierta.

Caminaron hacia la casa y entraron con precaución.

Una vez dentro de la gran sala, se soprendieron al ver que La Casita Misteriosa todas las paredes estaban cubiertas de espejos. No había  ventanas ni puertas, excepto la puerta por la que habían entrado, la cual al cerrarse, también era un espejo.

Los amiguitos se acercaron cada uno a un espejo, y de pronto, vieron sus sueños hechos realidad.

– Estoy cayendo en un paracaidas! grito Carlitos. La sensación era tan real, que los cabellos del niño parecían movidos por
una gran cantidad de viento y la sensación de caída libre se sentía intensamente en su barriguita.

– Y yo estoy montado sobre una montaña de caramelos, y son todos míos. Grito Pedrito. El alegre niño quitaba las envolturas
de los caramelos y se los metia en la boca uno tras otro. Pero llegó un momento en que había comido tantos caramelos que deseó salir de su sueño de inmediato.

El tercer niñito, Manuel, se vió sentado en una mecedora, ya hecho hombre, añorando su niñez, cuando tuvo la oportunidad de ir al colegio y estudiar y prepararse para el futuro. Se vió triste por haber perdido esa maravillosa etapa de su vida.

Como no le gustó esa imagen de si mismo, salió corriendo de la casita, seguido por sus dos entusiasmados amiguitos.

Los tres compartieron su breve experiencia, realmente asombrados por la magia de esa hermosa casita:

– Yo seré paracaidista. Me acabo de dar cuenta de que mi futuro está en el aire, estudiaré aviación. Afirmó Carlitos muy
seguro y satisfecho.

Pedrito dijo:

– Yo me he dado cuenta de que tenía un sueño que no me llevaría a otra cosa que enfermarme del estómago. Después del quinto
caramelo me arrepentí de mi sueño. Me parece que fué un sueño egoísta. Ahora pensaré en un nuevo y mejor sueño y mañana se los contaré.

Y Manuel comentó apenado:

_ Yo comprendo ahora porque los niños debemos ir al colegio y me siento muy afortunado de tener esa oportunidad. Ahora mi sueño es estudiar.

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